Curiosidades

* Vehículos

En Los rebeldes de Crow no faltan las persecuciones motorizadas e incluso alguna carrera bastante peculiar, y entre todos los vehículos que circulan por la historia sin duda el más carismático es la motocicleta del propio líder de los renegados, Oliver Crow.

Se trata de una Harley Davidson Rocker C, una máquina potente con un motor Twin Cam 96B de 1.584 cc, 2 cilindros en V a 45º; 4 tiempos, 4 válvulas y refrigeración por aire. Es uno de los modelos más recientes presentados por la legendaria firma de motos, con un diseño que recupera líneas clásicas de los años cincuenta. A lomos de este bicho, Crow ha liderado a sus rebeldes en un sinfín de aventuras.

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* Armas

Hablando de material carismático, también se merece un hueco en esta web el arma que empuña uno de los personajes más duros y sombríos de la novela, del que será mejor reservar el nombre por ahora. Se trata de la Wildey Magnum del calibre .475, una de las pistolas más potentes jamás fabricadas, tanto, que lo exclusivo de su munición y su devastador efecto terminaron limitando considerablemente su uso.

Habitualmente se cita como el equivalente automático de la legendaria Smith & Wesson Magnum del .44 que empuñaba Harry el Sucio en sus películas. De hecho, a la hora de buscar un arma poderosa para este personaje de la novela al que me refiero, me resultó sugerente rescatar esta otra arma de similar herencia cinematográfica, pues el propio Callahan la usa en la cuarta entrega de la saga, Impacto súbito (1983). Más recientemente se convirtió también en una de las armas estrellas de Gungrave (2003), una popular serie de animación japonesa basada en un videojuego del mismo nombre.

No obstante, por encima de ésas y algunas otras apariciones, la Wildey .475 automática adquirió auténtico estatus de mito cinematográfico de manos de otro justiciero de celuloide, el vengador Paul Kersey encarnado por Charles Bronson. “Ha llegado Wildey”, anuncia el personaje en la tercera entrega de esa violenta serie, El justiciero de la noche (1985), ante los maltrechos vecinos de un barrio conflictivo que el protagonista se dispone a “limpiar” tirando de gatillo.

Toda un arma de leyenda.

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* Cinefilia

Tanto Ray como sobre todo Alex, dos de los protagonistas principales de Los rebeldes de Crow, son cinéfilos empedirnidos, amantes de las películas de todas las épocas, géneros y autores. El hecho de haber cultivado juntos esa afición desde la niñez les lleva a hacer continuas referencias a películas y personajes que han pasado a ser parte de sus vidas como tantos otros recuerdos.

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—El hombre que encontré ayer en casa no era mi padre —dijo Sara, con una mezcla de tristeza y temor en la voz—. Es igual que él, pero no es mi padre.

—¿Y si son extraterrestres, como en La invasión de los ultracuerpos? —exclamó Alex.

—¿Y si te doy una leche como no dejes de decir tonterías? —le respondió Ray.

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En realidad le había recomendado que leyera Adiós a las armas, o que viera la adaptación protagonizada por Gary Cooper y Helen Hayes (“¡Ni se te ocurra la de Rock Hudson!”, le advirtió), en la que un soldado se enamora perdidamente de su enfermera. Conociendo a Álex, aquello era toda una declaración indirecta.

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—De acuerdo, Isaac Asimov —respondió Ray, mandando callar a su amigo con un gesto—. Creo que tu ayuda es excesiva para nosotros.

—Teniendo en cuenta la situación, intento pensar en algo más racional —dijo Álex—. Además, ya sabes que las ciencias nunca fueron lo mío. Y en todo caso, llámame doctor Emmett Brown.

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Para Ray, y sobre todo para Álex, «cinéfilos enfermizos», como los describía el padre del segundo, la imagen de la mansión, creciendo más y más a cada paso, no hacía sino traer a su memoria un sinfín de películas de terror y suspense protagonizadas por lúgubres edificios similares, desde La guarida y Amityville al imprescindible motel Bates de Psicosis.

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